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Clásicos de las artes escénicas para los estudiantes

  • Las Brujas de Salem

Personajes

Reverendo Parris

El Párroco de Salem, viudo, de unos 45 años, padre de Betty, tío y protector de Abigail Williams. Muestra el carácter estricto de los sacerdotes puritanos que exigen completa devoción a los feligreses, desprecian a quienes no les rinden el debido respeto, y esperan que los niños obedezcan en todo y caminen con la mirada baja. Vivió varios años en Barbados, desde donde trajo a la esclava Títuba. Tuvo la desgracia de descubrir al grupo de adolescentes bailando en el bosque y se aterrorizó ante las acusaciones de brujería por parte del matrimonio Putnam. Caerá en la espiral de histeria colectiva hasta el final, cuando lo amenace la ira del pueblo y pierda parte importante de su capital al huir Abigail con sus alhajas y reservas de dinero, lapidando así su mala fortuna.

Betty Parris

Hija del reverendo Parris. A los 10 años participa junto con Abigail, la esclava Títuba y otras niñas del pueblo, en el ritual nocturno de danza y conjuros en el bosque. Por temor a ser castigada entra en el aparente estado de mutismo que detonará las sospechas de brujería. La pequeña Betty se sumará a los falsos actos de posesión demoniaca y será responsable, junto con las demás niñas, por la condena de hombres y mujeres inocentes para huir ella misma del castigo merecido.

Abigail Williams

Sobrina y protegida del reverendo Parris que de niña atestiguara el asesinato de sus padres por los indios. A los 17 años es hermosa y una gran simuladora. Sus actuaciones guiarán el pueblo de Salem hacia el abismo moral. Promueve el ritual nocturno y baila desnuda en el bosque, bebiendo sangre de gallina. Solicita un hechizo para la muerte de Isabel Proctor, la esposa de Juan, a quien diera su virginidad cuando trabajaba en el servicio de su casa. Ante los cuestionamientos de los reverendos Parris y Hale, delata sin dudar a Títuba, la esclava. También acusa falsamente a Isabel de atacarla clavando una aguja en un muñeco y se autoflagela para demostrarlo; desea ocupar su lugar en la casa y habitación de Juan. Ante el rechazo de este, desata su ira en el tribunal. No siente remordimientos por mandar a prisión y a la soga a los habitantes del pueblo. Resiste con desvergüenza los reclamos de Proctor y María en el tribunal. Condena a muerte a Proctor, su amante arrepentido. Finalmente, huye de Salem con las joyas y dinero del reverendo Parris, escapando impune.

Esclava Títuba

Mujer negra de 40 años traída por Parris de las islas Barbados. Es una buena mujer que quiere a la pequeña Betty y ayuda con marcada inocencia a las jóvenes en sus conjuros de magia negra usando los conocimientos adquiridos en la patria natal. Títuba no resiste las acusaciones del reverendo Hale y confiesa haber recibido órdenes del demonio para matar a Parris. Es tomada prisionera y condenada por brujería. Termina loca en el calabozo soñando con que el diablo la llevará volando de regreso a Barbados.

María Warren

Muchacha de 17 años, servil, simple y triste. Trabaja para el matrimonio Proctor en duras condiciones. Ante la presión de Abigail, se sumará a las actuaciones en los tribunales, fingiendo como testigo en múltiples condenas. Es la encargada de llevar el muñeco clavado con la aguja que servirá de prueba para condenar a Isabel Proctor por ataques contra Abigail. Juan la obliga a presentarse ante los magistrados para testimoniar la falsedad de las acusaciones. Sin embargo, no resiste las tretas de Abigail y sus compañeras, quienes actúan como si un espíritu maligno emanado por ella las atacara e imitan todas sus palabras y gestos hasta el paroxismo. Al final, cede y se entrega arrepentida en brazos de Abigail, acusando a Proctor de obligarla a firmar el libro del diablo.

Juan Proctor

Agricultor acomodado de unos 35 años, miembro del consejo y con cierto ascendente moral sobre muchas personas de Salem. No pertenece a ningún bando del pueblo. De cuerpo poderoso, es temido por su inteligencia, su rectitud y su mordacidad con los hipócritas. Está casado con Isabel y lleva la carga de haber cometido adulterio con Abigail en su propia casa. La adolescente le manifiesta a solas que la historia del rito en el bosque no es más que un juego y luego lo niega. Proctor, desesperado por salvar a su mujer, obliga a su criada María a confesar el engaño. María lo traiciona en última instancia. Ante la inminencia de la horca pide perdón a Isabel por el adulterio y tiene el impulso de salvar la vida confesando crímenes que no ha cometido, pero ante la posibilidad de deshonrar su nombre, prefiere morir a mentir.

Isabel Proctor

Mujer de Juan Proctor, de carácter servicial pero a la vez frío. Mientras se recuperaba de su último embarazo, su esposo le es infiel con la criada, Abigail, quien le guarda profundo rencor por echarla de su casa y manchar su honra frente al pueblo. Isabel sabe que es posible que termine acusada por Abigail, quien desea ocupar su puesto de señora en la casa. Es arrestada y salva la vida porque está embarazada. Hacia el final de la obra apoya la decisión de su marido de morir antes que mentir y reconoce que su carácter indiferente y desconfiado es en parte responsable de la desunión matrimonial y la infidelidad de Proctor. Ama a su esposo y es testigo de oídas del momento en que este es sacrificado en la horca.

Reverendo Hale

Intelectual de ojos ávidos. Tiene cerca de 40 años. Cree en la existencia de brujas y demonios, pero al mismo tiempo, se considera alguien que está por encima de las supersticiones de la gente de Salem. Intenta ser precavido en su metodología para descubrir la presencia demoniaca, aplicando técnicas de investigación que cree objetivas y fundamentadas en lo mejor del conocimiento teológico. Acepta las confesiones de Títuba, Abigail y las demás jóvenes como verdaderas, dándose por satisfecho. No obstante, a medida que aumentan las muertes, sospecha de la veracidad de las niñas e intenta apoyar a Juan Proctor en sus demandas de que cesen los procesos. Al final, se convence por completo de que han sido engañados y ante la impotencia para contrarrestar la manipulación de las adolescentes, abandona su puesto alejándose del pueblo por un tiempo. Finalmente, regresa a intentar salvar las vidas de los últimos procesados aconsejándoles mentir y confesarse culpables de brujería para evitar la horca. Hale se convierte a lo largo de la obra, junto con Proctor y Rebeca Nurse, en un “mártir de la verdad”.

Rebeca Nurse

Esposa de Francisco Nurse, uno de esos hombres a quien las dos partes de una discusión tienen que respetar. Es abuela de veintiséis y madre de once. Es admirada en la comunidad por su rectitud y bondad, y será acusada de asesinar a los hijos recién nacidos de Ana Putnam por medio de hechicería. Rebeca, a pesar de su edad, nunca se doblega a las presiones ni al temor de morir colgada. Al igual que Proctor, pero sin manifestar nunca las dudas de este, prefiriere morir a cometer el pecado de mentir.

Guillermo Corey

Ya había pasado los 80 años antes de que se iniciaran los juicios. Era culpado de casi todos los incidentes ocurridos en Salem, si ocurría un incendio o se perdía una vaca todos le echaban la culpa. No obstante, nunca hizo ni deseó hacer daño a nadie. Manifiesta su preocupación por la afición de su esposa por los libros y sin querer la acusa inocentemente de interrumpir sus rezos. De esta manera, se convierte en el artífice indirecto de la desgracia de su mujer y propia. Eventualmente, es acusado debido a su insistencia en defender a su esposa y apoyar a Proctor. Enfrentado al tormento decide permanecer en silencio absoluto, con esta estratagema logra morir antes de ser condenado y preservar así los bienes que posee para que los reciban sus herederos. Durante el tormento, consistente en colocarle piedras sobre su pecho, sus únicas palabras son “más peso”, repetidas una y otra vez.

Ana Putnam

El autor la describe como una “mujer de 45 años, de alma atormentada, obsesionada por la muerte y acosada por los sueños”. Su hija Rita participó en el ritual nocturno mandada por ella misma para invocar los espíritus de sus siete hijos muertos al nacer. Asume que todo es obra del demonio y junto con su marido, el reverendo Parris y Abigail es una de las principales instigadores de la cacería de brujas. Como todos los acusadores en la obra, queda impune.

Tomás Putnam

Tal como lo describe Arthur Miller “era un hombre con muchos rencores”. Había pretendido colocar a su cuñado en el puesto del reverendo Parris, intento que fracasa por razones poco claras. Peleó contra los indios en Narragansett y es el hombre más rico y poderoso de Salem. Dueño de la mayor cantidad de tierras, codicia aún más tierras y poder. Ve en los juicios de brujería una oportunidad para arruinar al reverendo Parris y hacerse con las posesiones de los inculpados. Fomenta los rumores sobre actos demoniacos y se beneficia con las consecuencias de los mismos. Está casado con Ana Putnam, su única hija viva es Rita. Actúa como enemigo declarado de Juan Proctor.

Juez Hathorne Y Comisionado Danforth

Son los típicos “burócratas del genocidio”. Fervientes creyentes en los testimonios y las “pruebas” ofrecidas por las adolescentes, llevarán a la cárcel a todos los acusados dejando las calles del pueblo desiertas, habitadas solo por vacas abandonadas y huérfanos. Por un instante parecen dudar de las niñas, pero ante la actuación convincente de Abigail, seguirán apegados a su misión. Tampoco cederán a las peticiones de aplazamiento y muestras de misericordia, ni siquiera cuando Parris les insinúa que podría haber una rebelión. Al final ruegan, sin éxito, a Proctor que firme su confesión con el fin de utilizar la autoridad moral del personaje para justificar sus actos.

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